1/12/12

Territorio Comanche institucional


Indignación en el Parlament de Cataluña.

El templo donde se escenifica la liturgia de la soberanía popular es territorio comanche para las personas electas diputadas que pretenden representar, leal y con compromiso, a la gente trabajadora, a la juventud y a las mujeres golpeadas por una sociedad del capital y patriarcal.
Los sacerdotes y sacerdotisas de este templo se adornan de privilegios, actúan con opacidad como una casta corporativa, investidos de honorarios y dietas, con los halagos de los medios de comunicación, gubernamentales y de los poderosos -verdaderos propietarios y benefactores del templo-; las rencillas a menudo terminan con fotos y acuerdos nacionales de país.
Todo va destinado a separar los y las diputadas del cuerpo social que les ha elegido. Los fines del poder son facilitar que funcione el sistema político, en la vertiente institucional, a favor de los intereses de las clases dominantes.
Para sostener las excepciones y construir una alternativa a este baile de bastones y esgrima parlamentarista, se necesita una amplia conciencia y participación social, con unas organizaciones cívicas, sociales, sindicales y políticas que se impongan a toda la estructura de los aparatos del poder económico y político.
Es lógico que la movilización llegue a denunciar el secuestro de la soberanía popular, la democracia, e intente recuperarla con acciones de éxito como la de rodear o ocupar simbólicamente el Parlamento.
La democracia política representativa ha sido una conquista histórica. La democracia moderna burguesa, más desde que con la incorporación de las mujeres hay una persona un voto, también enturbia el poder dictatorial de los poseedores del mercado de la propiedad privada, de las grandes finanzas, los gobiernos y los Estados. Sin embargo, esta conquista de la democracia parlamentaria queda con demasiada frecuencia pervertida y domesticada. Los Parlamentos, como las elecciones, son instituciones del sistema social existente en la vertiente política.
Aquí radica el fondo del clamor y del estallido de conciencia que va en el sentido de un sistema igualitario participativo, transparente, donde la delegación de soberanía fuera sometida a un control estricto, con un cambio continuo de las personas representantes en función del compromiso político, con una práctica coherente, relacionada de forma muy estrecha y directa con la base social ciudadana.
Las nuevas personas diputadas en el Parlamento conviene inicien su labor con transparencia. Un buen gesto puede ser incorporar como bandera las consignas del 15 M, "fuera los privilegios" y evitar ser engullidas por la "clase política". Diputados y diputadas deben exudar honestidad y coherencia para lograr credibilidad. Sería muy positivo que favorecieran espacios de participación, desde los que escuchar y compartir, para posibilitar convertirse en transmisoras y altavoces de las necesidades, propuestas, reivindicaciones, movilización y voluntad popular de base.
Estos ingredientes han de ser orientados a denunciar todos los trucos, maniobras, corporativismo partidista electoralista y seguidista del gobierno, junto a la adaptación institucional. Así se contribuye a dificultar las políticas, los acuerdos y leyes, que favorecen a los poderosos y golpean a la inmensa mayoría popular, la del 99 %. Conseguir normas y leyes favorables al cuerpo social es de gran valor, pero con la convicción de que la aplicación de la ley es fundamental, lo que suele escorarse según el contenido del poder que determina los gobiernos y los estados.

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